Convocado a la Selección Argentina de Vóley, a través de un régimen especial de la Universidad, el estudiante de FAUBA Pedro Agustín Ojuez puede mantener su carrera mientras entrena y compite al máximo nivel.
Pedro Agustín Ojuez, de 25 años y oriundo de Bolívar, estudia la Licenciatura en Economía y Administración Agrarias en la Facultad de Agronomía de la UBA. Recientemente fue convocado para integrar la Selección Argentina de Vóley. Para afrontar los entrenamientos y las exigencias de la competencia sin abandonar sus estudios, se incorporó al Programa para Estudiantes Deportistas de Alto Rendimiento de la Universidad de Buenos Aires.
Para un deportista de alto rendimiento, entrenar no es una actividad que pueda acomodarse fácilmente entre las obligaciones cotidianas. Cuando, además, se trata de un estudiante universitario el desafío es aún mayor: entrenamientos, partidos, viajes y concentraciones pueden superponerse con las clases presenciales, trabajos prácticos y exámenes.
“Este año me sumé al programa de la UBA porque me llegó la convocatoria de la Selección Argentina y no quería abandonar la carrera. Los horarios comenzaron a superponerse. Creo que tener un objetivo a nivel universitario y un objetivo a nivel deportivo son dos compromisos que requieren mucho esfuerzo y mucha dedicación”, cuenta Ojuez.
El Programa para Estudiantes Deportistas de Alto Rendimiento de la UBA, busca que quienes desarrollan actividades deportivas profesionales puedan continuar con sus estudios universitarios mientras se preparan y participan en competencias nacionales e internacionales.
Para acceder al programa, los estudiantes deben ser alumnos regulares de una carrera de grado o pregrado de la UBA y acreditar su condición de deportistas de alto rendimiento mediante la documentación correspondiente.
Una vez incorporados, cuentan con un régimen académico especial que contempla distintas herramientas para compatibilizar la actividad deportiva con la formación universitaria. Entre ellas, pueden mantener su condición de estudiantes regulares ante inasistencias justificadas por compromisos deportivos, acceder a instancias complementarias de inscripción y evaluación, y disponer de modalidades académicas adecuadas a sus necesidades.
La propuesta también contempla la posibilidad de contar con un consejero de estudios que acompañe al estudiante y establezca, junto con él, un plan de actividades académicas acorde con sus compromisos deportivos.
En la práctica, para estudiantes como Ojuez, el programa permite que una convocatoria deportiva de máxima exigencia, como la de la Selección Argentina, no sea incompatible con continuar una carrera universitaria.
Sin embargo, sostener ambos objetivos no significa que el camino sea sencillo. El estudiante reconoce que la actividad deportiva repercute en sus tiempos académicos y hace que su carrera avance a un ritmo más lento. “Sé que la carrera corre de una forma un poco más lenta y secundaria, pero sin perder pisada en lo posible”, sostiene.
Su experiencia también deja un mensaje para otros estudiantes que practican deportes de alto rendimiento. “Hay que esforzarse, tener un compromiso y una disciplina, tanto en la vida universitaria como en la vida profesional”, expresa.
Para Ojuez, el desafío es justamente ese: encontrar el equilibrio entre dos compromisos que demandan tiempo, disciplina y esfuerzo, sin tener que renunciar a ninguno de los dos.