Domingo 24 Junio 2018
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De carbón a mineral

Guillermo Pacheco

En la sala 23 del Centro Cultural Borges, Viamonte 500, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el dia 23 de enero se inaugura la exposición de pinturas, De carbón a mineral, la muestra puede visitarse hasta el dia 4 de marzo de 2014.

Paisajes íntimos

Efraín Velasco Sosa

El trabajo de Guillermo Pacheco (Culiacan, 1971) hospeda regiones inusitadas en paisajes íntimamente familiares, revela cierto tipo de grumos significativos, partículas de aire atrapadas en una situación limítrofe del lenguaje; opone la telegráfica comunicación del mensaje directo y concreto, traducido en formaciones cuasi pictogramáticas, a una respiración agitada y un balbuceo, semejante al de quien ha encontrado algo precioso y que en el asombro no acierta a compartirlo del todo.

Bajo la superficie expuesta opera el aprovechamiento de las posibilidades que provee la combinatoria en el modelo del habla.  El autor aunque suele conservar su paisaje privada ante los ojos, muestra en el reverso de ese tapiz un sucesivo reordenamiento coloquial, que produce con frecuencia pequeñas erosiones en el borde de lo familiar.  Ahí, es donde se revela la promesa de una reunión a la orilla del paisaje, la espera del encuentro al borde, mientras la duda de algo poco a poco de deslía del ánima y deviene en paisaje.

Y este encuentro, ya se habrá sospechado, no significa solamente acudir al llamado del autor, o advertir sólo de la circulación de su gesto apasionado, sino también significa el sitio que comparte con el público, el hiperreconocimiento del borde en el terreno que se está pisando y de lo familiar en la perspectiva del abismo en lontananza. Si hasta aquí, todavía la imagen que se va desplegando no tiene visos de compleja, únasele con la sensación repentina, de efecto neurotóxico, que da la picadura el vértigo.

Implica entonces el enfentarnos a la obra de Pacheco, entrar en un juego de abstracciones, de interrelaciones, de mutuos consentimientos, de persuasiones y de transferencias, todo esto según sea la inversión y los desdoblamientos que estemos dispuestos a aventurar.  Acudimos con el autor a la presentación del perfil vibratorio de un paisaje - una cinética de velocidad variable -, tal que, algunas de las notaciones que en el primer tiempo pasaron a ser los motivos sobresalientes de la composición, pronto vuelven a dejar su lugar o desplazan sus relaciones, y entonces la nueva dirección de su sentido activa y desactiva fragmentos en el primero plano, pero el fondo del paisaje permanece, el paisaje se fortalece.

Diversas entidades concurren en los paisajes que extiende Pacheco, y aunque éstas no funcionen del todo como transcripciones cerradas - aunque si cerrándose - unívocas a una sola narrativa, si lo hacen como reincorporación y proceso de registro de sus propias huellas, a manera de los astros lejanos y reunidos en un plano celeste, azulado y bruno, que constituyen su presencia a través de un tipo de retención intermitente, lo que consideramos como presentándose en los motivos de Pacheco, esta luminiscencia inconstante, no es sólo uno de sus datos o un índice sensible asociándose con una imagen particular, sino que es resultado de un conjunto de memorias y expectativas que participamos con el autor.  La huella, el rastro, se compone de una asociación de múltiples datos además de otros hilos, y se parece más a una abreviatura temporal que a una representación frontal y explícita que permanece anquilosada.

Entre los rastros que constituyen el singular del lenguaje pictórico en Pacheco, presta atención la cualificación de lo descriptivo, y también el cómo opera este ejercicio en su obra.  No hace falta una cantidad ilimitada de memoria para conocer, reconocer y recordar los objetos y las figuras inscritas en la obra de Pacheco, como tampoco lo falta para recordar el alfabeto.  Las figuras reconocibles aducen oficio en la síntesis - pues supone la correspondencia intuitiva entre la figura ya limada por el autor y el objeto interpretado por el público -, así, constituyen porciones complejas de contenido compartido, unidas en una filigrana de estructuras profundas y semejantes.  De las reglas que gobiernan e interpretan estas estructuras, parecen derivarse una clase muy restringida de operaciones formales y opresiones de distinta densidad concebibles: el árbol privado y el árbol público, convienen en un solo árbol.  En la acumulación sistemática de una cantidad pequeña de objetos y figuras - sean los árboles, las chimeneas industriales, las canoas, los rostros y los demás etcéteras - , éstas terminan por componer el campo semántico que opera en las obras de Pacheco. 

Un campo semántico que circunscribe representaciones de lo industrial - lo artificial - , y de lo natural, exhibiendo una causalidad de relación y orden humano.  Sin embargo que estos objetos y figuras en el momento de su resplandor, por compartidos y familiares tengan un fundamento icónico, hay que advertir que se trata de una iconicidad muy estilizada, que durante el proceso de estilización han sufrido sus rasgos de similitud la mutación de su origen; y ya circunscritas en la obra - porque estos elementos no son solo un apuntalamiento mnemónico que indique una entidad individual -, transcienden su función elemental descriptiva; por ejemplo un árbol, no es solamente un árbol en tanto la relación de escala para con un rostro de mujer o una máquina, ya Jorge Pech nos advierte del autor sobre una dimensión simbólica fundamental [...], antes que la mera materialidad de los cuerpos.

Aunque en un principio se aparenta modesta por el reservado de elementos que se distinguen, la obra de Pacheco se desdobla en paisajes que se ajustan y desajustan generados por permutación y combinatoria; habrá a quien se le revele el signo de esta complejidad y el esfuerzo del autor por proponer lo más llana aquella condición interna en cada obra, justa para abordar la conjunción de los factores conforme a tal complejidad, ahí se revele la expansión y la intensidad, el movimiento y la huella.

Guillermo Pacheco (Culiacán Sinaloa, 1971) realiza sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) donde aprende pintura, fotografía e historia del arte. Fue miembro fundador del Centro de Ciencias de Sinaloa donde creó el departamento de Diseño Gráfico en colaboración con el Colegio de Sinaloa.

En 1992 se traslada al Istmo de Tehuantepec, tierra natal de su padre, ingresa a la Escuela de Bellas Artes de Oaxaca (UABJO) y al Taller Rufino Tamayo. Trabajó para el proyecto de restauración de Monte Albán como dibujante de campo y, posteriormente, en el proyecto de Santo Domingo en las áreas de Conservación y Restauración y Arqueología. Laboró también en los museos comunitarios como coordinador de Valles Centrales. En 1996 ingresa a la Galería Quetzalli. Durante 1997 firma un convenio de exclusividad con la firma de relojes Swatch para diseño y producción de la colección Art Latin. En el 2002 realiza un viaje de estudios a España, Francia, Italia y Marruecos. En 2003 viaja a Cuba para trabajar en el taller de gráfica de la Habana realiza litografías y monotipos. 

Actualmente pinta y trabaja en proyectos de instalación en la ciudad de Oaxaca colaborando con galerías como: Manuel García Arte Contemporáneo (Oaxaca), Galería Urbana (México, D.F.) y Caldwell Snyder (Nueva York y San Francisco). Su obra es exhibida en México y en el extranjero: Japón, Estados Unidos, Alemania, Argentina, Centroamérica, Ecuador, Cuba, Nepal. Ha participado en revistas y publicaciones de arte, cultura y diseño arquitectónico tales como: Arquine, Arte al Día, Casas y Gente, Luna Zeta, Art Nexus, Art News, Architectural Digest, Interiores Mexicanos y Habitare.