Miércoles 1 Febrero 2023

Con 163 millones de hectáreas afectadas en el país, la falta de precipitaciones marca un déficit acumulado bajo comparable con la sequía registrada entre 2008 y 2009, una de las más importantes de los últimos años. Especialistas alertan que el panorama continuará siendo severo en los próximos meses. La zona núcleo agrícola, la más afectada.

Marianela Ríos (Agencia CTyS - UNLaM) - La tierra está seca. El invierno y la primavera no trajeron lluvias y los surcos se profundizan entre resabios de cultivos que se aferran a la poca humedad que queda en el suelo. Las cifras cuantifican el paisaje: hay 163 millones de hectáreas afectadas por sequías en la Argentina, de las cuales más de 22 millones se encuentran en rojo. Los números corresponden al último informe de la Mesa Nacional de Monitoreo de Sequías.

Allí, se destaca que el territorio más afectado es la zona núcleo agrícola: Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. “El impacto en esta región es importante. Sin dudas, una de las sequías que va a quedar en la historia, como aquella del 2008 y 2009”, asegura Natalia Gattinoni, licenciada en Ciencias de la Atmósfera e integrante del Instituto de Clima y Agua del INTA Castelar.

Las escasas precipitaciones tienen un porqué. El año de la pandemia fue particular en muchos sentidos, incluso en el climático. Es que a mediados de 2020 se comenzó a registrar la llegada de “La Niña” o como precisa Gattinoni, “el Niño Oscilación del Sur en su fase fría”.

Se trata de un fenómeno que tiene lugar en el Pacífico ecuatorial, a miles de kilómetros de acá.

Su característica principal es que ocurren cambios en el océano y la atmósfera se acopla a estas variaciones. Cuando la temperatura de la superficie del océano baja y se vuelve más fría, corresponde a La Niña, mientras que cuando se registra temperaturas más cálidas, se habla de El Niño.

“Con el agua más fría en el océano, la atmósfera responde con vientos y cambios de presión a ese enfriamiento. Los datos históricos y los estudios, que se hicieron en relación a las lluvias y las temperaturas de nuestro país con ese fenómeno, indican que hay altas chances de tener lluvias deficitarias, principalmente en los meses cálidos. Por eso, este fenómeno no nos ayuda con las precipitaciones, sino todo lo contrario”, explica la investigadora, en diálogo con Agencia CTyS-UNLaM.

En ese sentido, sostiene Gattinoni, se está atravesando una de las Niñas “más prolongadas de la historia”. Y los datos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) lo confirman. Según señalaron en un informe, se convertiría en el primer “episodio triple” de La Niña de este siglo, al presentarse por tercera vez consecutiva en la temporada primavera/verano del hemisferio sur.

“Los pronósticos internacionales, que van simulando cómo cambian las aguas del océano, marcan que las chances de continuar en fase Niña para este principio del verano son altas. Hay más del 70 por ciento de probabilidades. Recién comienzan a disminuir en marzo-abril. Y el cambio va a ser de poco porque se van a ir restaurando las lluvias y luego la humedad en el suelo”, destacó.